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Un blanco que penetró en sus ojos y llenó cada rincón de su ser, un blanco que lo ocupaba todo, cegaba y lastimaba la vista. Eso fue lo que vio Christian al abrir sus ojos. Poco a poco fue acostumbrándose a aquel molesto color, hasta que al fin pudo observar a su alrededor y determinar donde se encontraba. Estaba en recostado sobre una superficie de mármol, encima de un pilar que se hundía en la cristalina agua que lo rodeaba. No había nada mas, delante, detrás, arriba, abajo, lo único que existía era ese maldito color del que no podía escapar. Trató de recordar. Había sido un día normal, había recorrido el mismo camino de siempre hacia la escuela, había estado con los amigos de siempre, escuchado la misma música de todos los días, pero ahora estaba en otro lugar, un lugar que nunca había visto.
Christian respiró hondo, el aire era liviano, ni frío ni caluroso, se sintió que estaba en algún lugar detenido en el tiempo. Tenía hambre, pero no había nada para comer. Miró el agua, pero nada se movía en ella, de todas maneras no esperaba ver nada, ni tenia la intención de comer algún pez si aparecía alguno. Se sentó en el centro del círculo y esperó. Nunca supo cuanto tiempo permaneció en ese lugar, pero fue el suficiente como para convencerse a si mismo de nadar buscando alguna orilla. Tocó el agua. Era como si no tuviera temperatura, si no hubiera sido por la dificultad que sentía al mover su brazo hubiera hasta pensado que tenia su extremidad extendida en el aire. Antes de zambullirse sintió un impulso, se incorporó y apoyó el pie sobre el agua, no se hundía, puso el pie izquierdo delante del derecho. Era increíble, estaba parado sobre aquel líquido.
Durante horas camino en dirección al oeste, sus zapatillas hacían salpicar pequeñas gotas de agua. Era como si un vidrio invisible se encontrara poco debajo de la capa superior del agua, sentía una superficie sólida bajo sus piernas. Estaba por sentarse a descansar, cuando vio algo a lo lejos. Sobre una tierra color blanco se alzaba un pedestal. Corrió, guiado por una fuerza y una voluntad que habían nacido en lo mas interior de su ser. No sintió diferencia alguna al pisar el nuevo elemento, pero un hormigueo empezó a recorrer sus miembros. Sobre el pedestal había una esfera que, a diferencia de todo lo que lo rodeaba, era de un color verde pálido, un color que parecía realmente fuerte luego de pasar horas en aquel lugar monocromático. Extendió sus manos hacía la esfera, el cosquilleo aumentó drásticamente, sintió un impulso de gritar, de liberar toda la alegría y energía que lo había llenado de repente. Antes de tocarla su cuerpo se paralizó y todo desapareció.

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